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EL PODER DE LAS REDES

EL PRINCIPIO

Uno, que comenzó hace más de veinte años con esto de internet (cuando muy poca gente tenía siquiera un ordenador), se ve desbordado por los nuevos rumbos que ha ido tomando la “sociedad de la información”. Cuando todo empezó, una continua sorpresa por la vertiginosa evolución de un mundo nuevo y en constante movimiento: Internet. La información (esencial para el conocimiento) al alcance de un clic o varios, pero accesible. Por primera vez, al alcance de todos.

Aquellos pioneros y conquistadores de la Red me crearon interés. Me dieron alas. Y el que suscribe se atrevió a probar suerte elaborando un sitio web. Un sitio web que hasta llegó a recibir un premio nacional por su apuesta y originalidad. Después, por motivos laborales, me alejé de la creación web. Me dediqué a mi “otra pasión” (la que me daba de comer). Alejarse un milímetro en aquel momento, suponía perder el último avión.  Lo cierto es que me distancié, durante años, kilómetros…

OBSOLESCENCIA

Supongo que dejé de estar a la última cuando, esta vez, las redes y no la Red, comenzaron a ser las primeras. Esa ronda me la perdí. Con esas redes ya no se trataba del acceso universal a la información. Se trataba de que cualquiera suministrase información, normalmente personal. Y eso no era para mi, tan obsesionado por la idea de que lo importante siempre es el que y no el quien.

Obviamente, tal manera de ver las cosas me dejó obsoleto, máxime cuando poco después las redes se convirtieron en la más poderosa arma de Internet. Y por ende, en el niño mimado del omnipresente e imprescindible Buscador.

En el mecanismo de publicidad fundamental para todo aquel que busque darse a conocer en este globalizado mundo mercantil, ya desee vender sus productos en Hong Kong o en Torrelodones.

 

NUESTRA IMAGEN

Por esto, hoy tendría que estar completamente asumido que es esencial el cuidado de nuestra imagen online y la de nuestros productos y servicios (en el supuesto de que los pretendamos vender). Que esa imagen, difundida en las redes sociales o en webs, es la que dirá todo de nosotros a todos. Sin que nosotros podamos después dominarla, adornarla o subsanarla, ya que precisamente por la trascendencia autónoma que ha llegado a alcanzar, solamente de ella depende el que haya un después o no con el tercero que la observa.

Y digo “tendría”, ya que también me he percatado (retomando mi antiguo hobby), de que muchos profesionales, sea cual sea su oficio o profesión, no prestan la suficiente atención a esa imagen virtual. Siendo esta imagen la que marca la delgada y rápida línea que separa la muestra de interés del rechazo por parte del potencial cliente.

No me refiero a aquellos que no han evolucionado y se han quedado voluntariamente en el mundo “real”. Hablo de aquellos otros (y son muchos) que, siendo conscientes de la relevancia de las redes sociales y de la trascendencia del escaparate virtual, minusvaloran (consciente o inconscientemente), la importancia que posee un contenido atractivo y una buena imagen.

IMAGEN VIRTUAL

LO MÍNIMO

Con esta crítica tampoco trato de promover, ni directa ni indirectamente, la contratación de servicios profesionales que elaboren nuestra imagen y doten de contenido a nuestra idea. Esto no está al alcance de casi nadie y, además, diría, que ni siquiera está ya de moda.  En un mundo de “código abierto”, colaborativo y en el que prima la autosuficiencia y la elaboración propia.

Pero entre lo profesional y la pésima imagen que genera la desidia, el desinterés o el simple descuido, hay una amplia franja en la que deberíamos residir todos. Aquella franja que, sin alcanzar los exigentes cánones profesionales, se encuentra dentro de unas pautas simplemente aceptables para cualquiera. Como, por ejemplo, la presentación de unas fotografías de nuestros productos que no destaquen por su desenfoque, baja calidad o total ausencia de luz.

Hoy en día está al alcance de cualquiera el permanecer en esa franja de lo aceptable. Disponemos de herramientas de edición y de equipos que están preparados para ser utilizados con eficiencia incluso por el usuario que no tiene el mínimo conocimiento técnico.

 

NUESTRO TIEMPO

Quizás esa ausencia de calidad y la aparente despreocupación que denota, venga motivada también por el otro aspecto que también me sorprende: La falta de dedicación a nuestro propósito. Y es que todo aquello que está bien hecho requiere de un tiempo mínimo de dedicación. Si lo que queremos es promover nuestro producto o servicio en internet o a través de las redes sociales (promoverlo de otra forma hoy en día es muy difícil y limita extraordinariamente nuestro mercado), tendremos que dedicarle también parte de nuestro tiempo a esa promoción. Sea por vocación, por devoción o por obligación.

PLANIFICACIÓN

Planificar mínimamente lo que queremos decir. Cual será nuestra imagen. Donde lo queremos decir. Y dotar a todo ello de un contenido aceptable, efectivamente y por desgracia, requiere de nuestro tiempo.

Pues bien, mi experiencia me indica que no todo el mundo (es decir, muchos) está dispuesto a emplear parte de su tiempo en estos menesteres. Parte de su tiempo que no puede ser meramente residual o marginal, ya que en este caso el resultado será previsiblemente tan “marginal” como el tiempo dedicado a él.

NUESTRO TIEMPO

EJECUCIÓN

Aquí está el problema cuando el mundo gira tan rápido y el tiempo es un bien tan escaso. Nunca hay un momento para pararse, pensar y ejecutar, sobre todo si se trata de algo nuestro que genera expectativas, pero no posee rendimientos presentes. Entonces, hay mucho menos tiempo todavía. Y salimos de nuestra frustración haciendo como que lo hemos hecho. Pero sin hacerlo realmente. Presentando online un producto (que puede ser excepcional en “la vida real”) como algo mediocre, intrascendente, oscuro o cutre (en el mundo virtual).

Grave error éste, pues como señalé antes, ese hijo improvisado con retales de tiempo robado será la imagen que un tercero tendrá de uno y de su trabajo. Y ese tercero juzgará exclusivamente a través de él, sin que a posteriori yo pueda hacer nada para cambiarlo.  Para impedir que mi proyecto quede sumido en el oscuro cajón del olvido virtual.
Así pues, tomémonos nuestro tiempo para elaborar nuestros contenidos. Para crear y difundir nuestra imagen virtual. Insistamos en dotarles de calidad, ya que no es algo baladí. Hoy en día es necesario. Es fundamental. Si queremos depender solamente del fruto de nuestro trabajo.

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